Existen periodistas buenos, los hay pulcros, perfeccionistas, escrupulosos…y los hay destructivos. A estos últimos va este texto al estilo Alvite (o al menos un intento); un periodista de los primeros, los segundos y los terceros.
Al era un periodista que lo más parecido que tenía a un amigo era su dentista. Yo lo frecuentaba eventualmente cuando iba al tanatorio de marcha, nunca supo sociabilizarse muy bien. Pensaba que una amistad era un contrato escrito todo con letra pequeña.
Cuando conocí a Al iba todo de negro. Tras un tiempo le pregunté que por qué no usaba otro color en su ropa, y me dijo con cara de dolor de muelas: “Mira Lu, me ahorra tiempo. Nunca sé cuándo voy a tener que asistir al funeral de algún criticado”.
Se decía que sus crónicas las hacía con un revolver 38 Special. Comentaban que en vez de palabras escupía balas ultramagnum por que aseguraban la pieza. Con él nunca sabías si hablaba en serio. Sus críticas se te agarraban al tobillo como un Doberman amaestrado para matar. Lo malo es que lo hacía lentamente, a golpe de comas.
El día que me invitó a desayunar pensé que se había equivocado. Me preocupé, parecía contento, nunca lo había visto así. Me dijo tranquilamente mientras mojaba su magdalena en el cianuro: “Me han encargado una critica de un pez gordo de la mafia”. Estaba satisfecho, era un tipo que se alegraba de dormir con una cabeza de caballo, decía que le hacía compañía. Al segundo se estaba quejando al camarero de que sus magdalenas estaban demasiado dulces. Al era así, el último piropo que le dirigió a su mujer fue tirarle el café hirviendo a la cara.
Lo vi al tiempo caminando torpemente por la acera; pensé que era a causa del asfalto. Siempre fue un tipo de moverse mejor por el fango. Llevaba una camisa a juego con su frustración. Yo había leído su última crónica al mafioso; dado el tono que le dio Al, el periódico pensó en publicar su crítica en la sección de necrológicas. Me miró, su mirada era como mear sangre. Sabía que algo no iba bien.
Siempre fue un excluido y se jactaba de ello. Tenía enmarcado su cero en gimnasia de la escuela junto a su último examen de próstata. Estaba deteriorado y era raro en Al porque solía llevar su úlcera de estómago como quien lleva un Rolex de oro.
Fue la última vez que lo vi. Fiel a su estilo pidió ser enterrado con una mano fuera y el dedo corazón extendido. Exigió que en su epitafio pusieran “Para vosotros, chusma”. El cura no le dejó; dijo que si dejara a todo el mundo cumplir su voluntad esto sería un aparcamiento para bicis. El cura tardó un minuto en la homilía, lo hacía como si tuviera una pistola en la sien. Soltó su perorata como si leyera la lista de la compra.
A su funeral sólo acudí yo y otra persona oscura vestida totalmente de negro que parecía sonreír, cuando me acerqué no supe si era una mala sonrisa o un lifting hecho por su proctólogo. Resultó ser hermano de Al. Al preguntarle qué le había parecido el sepelio contestó entre el humo del cigarro y su indiferencia: ”Funeral falto de originalidad, vacío, trillado…” Qué ironía. Al estaría contento. Hasta en su funeral había cosechado mala crítica.
*(A veces una critica dura se te agarra al tobillo y juegas como si estuvieses aprendiendo a caminar).
viernes, 26 de marzo de 2010
viernes, 26 de febrero de 2010
Diccionario básico de inglés para Baloncesto
ALLEY-HOOP. Acción exagerada, excesiva, recargada. En Aragón se traduce literalmente como: “¡Má! qué alarde”. Innecesaria en la mayoría de las ocasiones. Lance que consiste en coger la pelota en el aire y, sin tocar el suelo, encanastar desoyendo de manera irracional el sonido lastimero de tus rodillas. Éstos, los Alley hoop, son conocidos por los médicos y fisioterapeutas como grandes generadores de trabajo. A ciertas edades o en posiciones determinadas dentro del campo (como la de Base), se sitúan en el plano de “fantasía mental”.
BODY-CHECK. Ejercicio de choque voluntario que se produce contra un contrario. Suele producirse en bloqueos indirectos .Vamos, que ni te va ni te viene y tú vas y te metes. Se utiliza para frenar al atacante en su acción de ventaja. Éste en algunos partidos es menos usado que las palabrotas en un capítulo de Barrio Sésamo. Algún lector curioso se preguntará si no es acción de “falta”. Muchos árbitros también se lo preguntan… pero es de fácil contestación. Es falta dependiendo del nivel de dureza del partido, de los gestos del atacante en cuestión, de la acción anterior (pues puede ser falta por compensación), del nivel de ruido ambiental, de la sensibilidad del pito… del árbitro, de lo que le haya tocado… él mismo el ejecutador del “body check” en cuestión. Bueno, yo creo que ha quedado claro, ¿no?
FLASH. Esta acción se suele producir en bloqueos directos y se realiza para frenar la acción de avance del atacante con balón. Se puede traducir como “aparecer”. Para que nos entiendan todos los hombres, se puede ejemplificar como cuando tu mujer está haciendo la cena y, cuando esta acabando de hacerla, apareces oportunamente por la puerta y sueltas: “¿te ayudo?”. Ella estupefacta te dice: “sí, pon la mesa”. Pero cuando se gira tú ya no estás…
PICK and ROLL. Lance del juego que se traduce por “bloqueo y continuación”. Esta acción suelen “intentar” realizarla los pívots; como es sabido con poco éxito. Actualmente se descubrió por una serie de pinturas y epígrafes hallados en unas vetustas pirámides egipcias que a los “pívots” antiguamente les fue extirpado el cerebelo y se regenero de forma defectuosa a lo largo de los años. Por esto su coordinación y equilibrio es más deficiente que en el resto de las razas. Por dicha razón los pívots no pueden realizar esta maniobra. Aunque como cualquier especie ha evolucionado según el medio y el “pívot” tal como lo conocíamos esta en proceso de extinción. Actualmente su evolución le ha llevado maniobrar en lo que actualmente se denomina: PICK and POP.
PICK and POP. Algunos eruditos del tema lo traducen como “tú arrimate paí dentro a que ten dos guantas que yo ya si eso me quedo por acafuera”. Consiste en un bloqueo directo, tras el cual te abres para afuera. Algún ávido lector se preguntara: “¿y qué peligro tiene un mozalbete de 2.’10 cm. en la línea de 6.75?”. Eso mismo se han preguntado muchas personas… menos los propios “threevots” (pívots cuyo hábitat está en torno a la línea de tres), como se les empieza a denominar a dicha especie. Se podría ejemplificar como cuando en una bronca te están dando de leches cuatro tíos y tú, en posición fetal, ves en un halo de esperanza por el rabillo del ojo llegar a tu amigo de 2.10, con los ojos inyectados en sangre, todo músculo, fuerza y poderío. Y de repente grita airado: “tú no te muevas que voy a por ayuda”. Y… ¡pop!
BODY-CHECK. Ejercicio de choque voluntario que se produce contra un contrario. Suele producirse en bloqueos indirectos .Vamos, que ni te va ni te viene y tú vas y te metes. Se utiliza para frenar al atacante en su acción de ventaja. Éste en algunos partidos es menos usado que las palabrotas en un capítulo de Barrio Sésamo. Algún lector curioso se preguntará si no es acción de “falta”. Muchos árbitros también se lo preguntan… pero es de fácil contestación. Es falta dependiendo del nivel de dureza del partido, de los gestos del atacante en cuestión, de la acción anterior (pues puede ser falta por compensación), del nivel de ruido ambiental, de la sensibilidad del pito… del árbitro, de lo que le haya tocado… él mismo el ejecutador del “body check” en cuestión. Bueno, yo creo que ha quedado claro, ¿no?
FLASH. Esta acción se suele producir en bloqueos directos y se realiza para frenar la acción de avance del atacante con balón. Se puede traducir como “aparecer”. Para que nos entiendan todos los hombres, se puede ejemplificar como cuando tu mujer está haciendo la cena y, cuando esta acabando de hacerla, apareces oportunamente por la puerta y sueltas: “¿te ayudo?”. Ella estupefacta te dice: “sí, pon la mesa”. Pero cuando se gira tú ya no estás…
PICK and ROLL. Lance del juego que se traduce por “bloqueo y continuación”. Esta acción suelen “intentar” realizarla los pívots; como es sabido con poco éxito. Actualmente se descubrió por una serie de pinturas y epígrafes hallados en unas vetustas pirámides egipcias que a los “pívots” antiguamente les fue extirpado el cerebelo y se regenero de forma defectuosa a lo largo de los años. Por esto su coordinación y equilibrio es más deficiente que en el resto de las razas. Por dicha razón los pívots no pueden realizar esta maniobra. Aunque como cualquier especie ha evolucionado según el medio y el “pívot” tal como lo conocíamos esta en proceso de extinción. Actualmente su evolución le ha llevado maniobrar en lo que actualmente se denomina: PICK and POP.
PICK and POP. Algunos eruditos del tema lo traducen como “tú arrimate paí dentro a que ten dos guantas que yo ya si eso me quedo por acafuera”. Consiste en un bloqueo directo, tras el cual te abres para afuera. Algún ávido lector se preguntara: “¿y qué peligro tiene un mozalbete de 2.’10 cm. en la línea de 6.75?”. Eso mismo se han preguntado muchas personas… menos los propios “threevots” (pívots cuyo hábitat está en torno a la línea de tres), como se les empieza a denominar a dicha especie. Se podría ejemplificar como cuando en una bronca te están dando de leches cuatro tíos y tú, en posición fetal, ves en un halo de esperanza por el rabillo del ojo llegar a tu amigo de 2.10, con los ojos inyectados en sangre, todo músculo, fuerza y poderío. Y de repente grita airado: “tú no te muevas que voy a por ayuda”. Y… ¡pop!
jueves, 7 de enero de 2010
Contacto con tacto
Los jugadores de baloncesto nos tocamos. Pero no en el sentido en el que escribes: ‘tocar’ en Google y te salen dos mil páginas de “TOCAR”. No, no… Para jugar al baloncesto es necesario el contacto.
Esto que parece una obviedad es tan importante como en la vida misma. Conectar con la gente, conectar con tus amigos, conectar con los compañeros de equipo, se demuestra con actos, palabras y contactos.
Cuando estás en la pista existen dos factores que marcan muchas de las decisiones que se toman. Estos son: el tiempo y el estado anímico.
El tiempo por que en segundos se están tomando decisiones y la falta de éste hace que el idioma que se emplee en el campo se acote hasta límites insospechados. Una palmada (don-de sea, aunque en el culo estimulan más, de hecho según donde se de una palmada puede sig-nificar una cosa u otra; pero eso ya lo trataré en otro texto…), un gesto, una palabra, es una aportación importante y significan muchas cosas. Apoyo, confianza, complicidad, conexión…
El estado anímico hace que una toma de decisión incorrecta se pueda convertir en buena si el estado de ánimo es bueno y hace que los esfuerzos se carguen de resultados si este estado anímico es el propicio. Un gesto de apoyo o una palmada pueden hacer que consigas fuerzas para un sobre esfuerzo que decante el partido.
Por eso me cuesta entender a algunos jugadores más parcos. “Es mi carácter”, refutan. “No me sale, no es natural ese gesto en mí”, argumentan. Recuerdo cuando, siendo yo muy joven, comentaba esto a mi entrenador. Éste me respondió muy tranquilo que le daba igual si era o no mi carácter, pero que a partir de ahora animara. Así empecé a hacerlo y vi que “eso” tam-bién se trabaja. Desde entonces tengo más amigos; siempre tengo alguien que me echa una mano en el campo, fuera de él, en casa limpiando, tengo más pelo… (Me he pasado, ¿no?).
En un partido (no diré de que temporada por si hay represalias) me dediqué a contar la veces que alguien me ofrecía su mano para “chocar” o las ocasiones que notaba una cálida ma-no en mis nalgas. ¿Cuántas veces creen que hubo contacto sólo en el trascurso del calentamien-to (aproximadamente de media hora) de un partido?
¡Ciento siete! Una cantidad nada desdeñable, amiguitos.
Las palabras sueltas no tienen un mensaje si no se enlazan entre ellas. Las notas musi-cales no son nada en si mismas, tocadas sin más. Son importantes y cobran sentido por los intervalos que comparten entre ellas.
Así que, mi consejo de hoy es: tóquense en la calle, pálpense en los fríos ascensores, acaríciense en las duchas… Bueno, igual esto es demasiado, pero ustedes ya me entienden, ¡qué carajo!
Esto que parece una obviedad es tan importante como en la vida misma. Conectar con la gente, conectar con tus amigos, conectar con los compañeros de equipo, se demuestra con actos, palabras y contactos.
Cuando estás en la pista existen dos factores que marcan muchas de las decisiones que se toman. Estos son: el tiempo y el estado anímico.
El tiempo por que en segundos se están tomando decisiones y la falta de éste hace que el idioma que se emplee en el campo se acote hasta límites insospechados. Una palmada (don-de sea, aunque en el culo estimulan más, de hecho según donde se de una palmada puede sig-nificar una cosa u otra; pero eso ya lo trataré en otro texto…), un gesto, una palabra, es una aportación importante y significan muchas cosas. Apoyo, confianza, complicidad, conexión…
El estado anímico hace que una toma de decisión incorrecta se pueda convertir en buena si el estado de ánimo es bueno y hace que los esfuerzos se carguen de resultados si este estado anímico es el propicio. Un gesto de apoyo o una palmada pueden hacer que consigas fuerzas para un sobre esfuerzo que decante el partido.
Por eso me cuesta entender a algunos jugadores más parcos. “Es mi carácter”, refutan. “No me sale, no es natural ese gesto en mí”, argumentan. Recuerdo cuando, siendo yo muy joven, comentaba esto a mi entrenador. Éste me respondió muy tranquilo que le daba igual si era o no mi carácter, pero que a partir de ahora animara. Así empecé a hacerlo y vi que “eso” tam-bién se trabaja. Desde entonces tengo más amigos; siempre tengo alguien que me echa una mano en el campo, fuera de él, en casa limpiando, tengo más pelo… (Me he pasado, ¿no?).
En un partido (no diré de que temporada por si hay represalias) me dediqué a contar la veces que alguien me ofrecía su mano para “chocar” o las ocasiones que notaba una cálida ma-no en mis nalgas. ¿Cuántas veces creen que hubo contacto sólo en el trascurso del calentamien-to (aproximadamente de media hora) de un partido?
¡Ciento siete! Una cantidad nada desdeñable, amiguitos.
Las palabras sueltas no tienen un mensaje si no se enlazan entre ellas. Las notas musi-cales no son nada en si mismas, tocadas sin más. Son importantes y cobran sentido por los intervalos que comparten entre ellas.
Así que, mi consejo de hoy es: tóquense en la calle, pálpense en los fríos ascensores, acaríciense en las duchas… Bueno, igual esto es demasiado, pero ustedes ya me entienden, ¡qué carajo!
viernes, 11 de diciembre de 2009
Los halagos los carga el diablo
Eso de que las armas las carga el diablo es una cita sin dobleces. Es lógica, entendible. Los peligros peores suelen esconderse en las amenazas menos obvias. Estoy seguro que los halagos sí que los carga el bueno de Belcebú. Aunque los dispare otra persona.
Tengo que desmentirlo, alguien tiene que hacerlo tarde o temprano. Los halagos siempre han gozado de buena prensa pero son muy dañinos. ¡Hala!, ya lo he dicho. Muchas veces nos dicen que la envidia o la avaricia son malas. De acuerdo, buenas no son. Pero son honestas. Tú las reconoces, van de cara. De siempre te han advertido contra ellas y estás prevenido. Pero el halago es falso. Va de buen rollo y tal y luego cuando te relajas... ¡ZAS! Es un relajante, familia de los opiáceos, cómplice de los peores crímenes.
Algunos pensaréis que estoy exagerando pero alguien tiene que desenmascarar a este impostor. Imaginaros que vuestro entrenador os dice:
- Hoy has estado genial.
Sé que hay que hacer un ejercicio de imaginación tremendo. No por que no seáis capaces de jugar bien, sino por lo otro… por lo del entrenador. Casi se situaría en un programa de Cuarto Milenio.
Vosotros no lo dudáis, lo aceptáis enseguida como verdad y por primera vez en vuestras carreras estáis de acuerdo con vuestro coach. Pero sólo es por predisposición al halago; ¡mal! os estáis debilitando.
Pero si en cambio os dice:
- Hoy has estado mal.
Entonces piensas: “Madreeeeee, qué “gualtrapas”, qué partido habrá visto éste. Pues anda que Miguelin... habrá jugado como los ángeles, y no le dirá nada. Me tiene manía” (lo que se llama Síndrome del quinceañero).
El halago se planta muy bien en nuestras mentes fértiles para el degustarse, el ego riega el fruto y tenemos una plantación de “quebuenosoy” maravillosa. Más, si el chico al que se le dice es joven y falto de orientación.
Siempre he sido muy reacio al halago. De hecho recuerdo un partido en el cual metí 42 puntos (amantes de los datos mínimos, no se molesten en perder su tiempo viendo si este dato es correcto. Les indico la referencia y el libro en el que lo encontrarán: Y Dios bajo a las canchas, Biografía inédita de Lucio Angulo Espinosa. Apartado: Ciencia Ficción), mi entrenador se acerco a mí y me dijo:
- Lucio, eres muy bueno.
Yo le contesté airado:
- ¡No! ¡no! Tú si que eres bueno... ¡tío triste! ¡Y a ver si te atreves a decírmelo en la calle!
Yo creo que todo esto radica en la educación. Sin ir más lejos, tengo aún reciente cuando mis padres se acercaron a mí en mi dieciocho cumpleaños y me extendieron la mano como si me dieran el Sagrado Cáliz y mi padre me dijo con voz queda:
- He esperado a que cumplieras dieciocho años para regalarte esto.
Podréis imaginaros, a mis recién dieciocho años y con mis hormonas bailando la Lambada, lo que pasó por mi mente que sería ese maravilloso y lúbrico regalo. Cuando lo abrí, de golpe mis hormonas se sentaron alicaídas, poniendo cara de mala hostia y mirándose las unas a las otras contrayendo los hombros. El regalo consistía en un libro. Sin ir más lejos, El arte de la prudencia, de Baltasar Gracián, un bilbilitano nacido en el Jurásico, en 1601, teólogo, capellán del ejército, profesor de Humanidades, Filosofía, Teología Moral y Sagrada Escritura... imaginaos el percal, vaya fiesta. Trescientos aforismos sobre la prudencia y el saber estar. Nada más abrirlo pude leer:
“Nunca exagerar. Es importante para la prudencia no hablar con superlativos, para no faltar a la verdad y para no deslucir la propia cordura. Las exageraciones son despilfarros de estima y dan indicio de escasez de conocimiento y gusto. La alabanza despierta vivamente la curiosidad, excita el deseo. Después, si no se corresponde el valor con el precio, como sucede con frecuencia, la expectación se vuelve contra el engaño y se desquita con el desprecio de lo elogiado y del que elogio".
Fue el mejor regalo que he recibido en toda mi vida. De todas formas, si ese gran regalo lo hubieran acompañado con una suscripción de socio vitalicio a la revista cultural “Pen Jaus”, no habría pasado nada.
Tengo que desmentirlo, alguien tiene que hacerlo tarde o temprano. Los halagos siempre han gozado de buena prensa pero son muy dañinos. ¡Hala!, ya lo he dicho. Muchas veces nos dicen que la envidia o la avaricia son malas. De acuerdo, buenas no son. Pero son honestas. Tú las reconoces, van de cara. De siempre te han advertido contra ellas y estás prevenido. Pero el halago es falso. Va de buen rollo y tal y luego cuando te relajas... ¡ZAS! Es un relajante, familia de los opiáceos, cómplice de los peores crímenes.
Algunos pensaréis que estoy exagerando pero alguien tiene que desenmascarar a este impostor. Imaginaros que vuestro entrenador os dice:
- Hoy has estado genial.
Sé que hay que hacer un ejercicio de imaginación tremendo. No por que no seáis capaces de jugar bien, sino por lo otro… por lo del entrenador. Casi se situaría en un programa de Cuarto Milenio.
Vosotros no lo dudáis, lo aceptáis enseguida como verdad y por primera vez en vuestras carreras estáis de acuerdo con vuestro coach. Pero sólo es por predisposición al halago; ¡mal! os estáis debilitando.
Pero si en cambio os dice:
- Hoy has estado mal.
Entonces piensas: “Madreeeeee, qué “gualtrapas”, qué partido habrá visto éste. Pues anda que Miguelin... habrá jugado como los ángeles, y no le dirá nada. Me tiene manía” (lo que se llama Síndrome del quinceañero).
El halago se planta muy bien en nuestras mentes fértiles para el degustarse, el ego riega el fruto y tenemos una plantación de “quebuenosoy” maravillosa. Más, si el chico al que se le dice es joven y falto de orientación.
Siempre he sido muy reacio al halago. De hecho recuerdo un partido en el cual metí 42 puntos (amantes de los datos mínimos, no se molesten en perder su tiempo viendo si este dato es correcto. Les indico la referencia y el libro en el que lo encontrarán: Y Dios bajo a las canchas, Biografía inédita de Lucio Angulo Espinosa. Apartado: Ciencia Ficción), mi entrenador se acerco a mí y me dijo:
- Lucio, eres muy bueno.
Yo le contesté airado:
- ¡No! ¡no! Tú si que eres bueno... ¡tío triste! ¡Y a ver si te atreves a decírmelo en la calle!
Yo creo que todo esto radica en la educación. Sin ir más lejos, tengo aún reciente cuando mis padres se acercaron a mí en mi dieciocho cumpleaños y me extendieron la mano como si me dieran el Sagrado Cáliz y mi padre me dijo con voz queda:
- He esperado a que cumplieras dieciocho años para regalarte esto.
Podréis imaginaros, a mis recién dieciocho años y con mis hormonas bailando la Lambada, lo que pasó por mi mente que sería ese maravilloso y lúbrico regalo. Cuando lo abrí, de golpe mis hormonas se sentaron alicaídas, poniendo cara de mala hostia y mirándose las unas a las otras contrayendo los hombros. El regalo consistía en un libro. Sin ir más lejos, El arte de la prudencia, de Baltasar Gracián, un bilbilitano nacido en el Jurásico, en 1601, teólogo, capellán del ejército, profesor de Humanidades, Filosofía, Teología Moral y Sagrada Escritura... imaginaos el percal, vaya fiesta. Trescientos aforismos sobre la prudencia y el saber estar. Nada más abrirlo pude leer:
“Nunca exagerar. Es importante para la prudencia no hablar con superlativos, para no faltar a la verdad y para no deslucir la propia cordura. Las exageraciones son despilfarros de estima y dan indicio de escasez de conocimiento y gusto. La alabanza despierta vivamente la curiosidad, excita el deseo. Después, si no se corresponde el valor con el precio, como sucede con frecuencia, la expectación se vuelve contra el engaño y se desquita con el desprecio de lo elogiado y del que elogio".
Fue el mejor regalo que he recibido en toda mi vida. De todas formas, si ese gran regalo lo hubieran acompañado con una suscripción de socio vitalicio a la revista cultural “Pen Jaus”, no habría pasado nada.
jueves, 12 de noviembre de 2009
Cuestionario FEB
Echando un vistazo a la página de la web de la Federación da la sensación de que dispone de todo para entretener y saciar la curiosidad del aficionado. Tienda, radio, gente muy válida, competente y fiable escribiendo en sus blogs… y a mí.
Pero a una mirada perspicaz, sagaz e intuitiva no se le escapa que le falta algo. Y resulta que esa mirada… es de un amigo; y él me lo comentó a mí. ¿Y qué es lo que falta? Un cuestionario. Igual que grandes revistas que se han mantenido años y años en nuestros kioscos como Melva, Rapazza o Super Bob. Uno de los porqués de su éxito ha sido este tipo de argucias.
La FEB no puede quedarse rezagada y he aquí mi pequeña aportación a este pequeño gran paso:
CUESTIONARIO FEB:
¿Tú “coach” no te entiende? ¿Problemas en las relaciones con tus ‘compis’ de equipo? Descubre en este cuestionario qué tipo de jugador eres. Esto te ayudará a entenderte y hacerte entender. Suerte, sé sincer@, ‘coleg@’, y sé un autentic@ chic@ Super-FEB. (Recordad que no hay que perder clientes o client@s).
PREGUNTAS:
1) Tienes una ‘peli’ del videoclub que no te ‘moló’ y la dejaste a medias. ¿Qué haces? (Suponemos que estamos en los años 80 y existen cintas VHS… no digas ahora que es mucho imaginar cuando te estas imaginando como una quinceañer@ contestando un ‘mega cuestionario’ ¡jopeta!):
A.- Rebobinas la cinta, la vuelves a ver para asegurarte que no está rayada y la rebobinas de nuevo. Cuando vas a devolverla al videoclub, agradeces encarecidamente la recomendación.
B.- La rebobinas, pero no te ‘mola’ y dices en voz alta al llegar al videoclub:
- ¡Jo! No me moló.
C.- No la rebobinas. Vas al videoclub y se la tiras al dueño a la cabeza, gritándole que para sufrir viendo la tele te ves un programa de “Dragolandia”, además le espetas que está rayada y rota (la has roto tú en un arrebato de ira). Al salir le ‘mangas’ una bolsa de Cheetos…de jamón.
2) Estás en el ascensor y, justo cuando se está cerrando la puerta, ves que alguien entra en el portal y que te ve perfectamente en el ascensor. Es tu vecina ancianita (que no te cae muy bien) del piso de arriba. ¿Qué haces?
A.- Tocas el botón para abrir la puerta del ascensor y con la mejor de tus sonrisas le das los buenos días mientras te gruñe: “¡Qué juventud! ¡Qué poca vergüenza!”. Le llevas las bolsas de compra hasta la cocina mientras le escuchas a la espalda decir: “Qué pintas, si ya lo sabía yo, además de ‘drogadisto’, ‘gey’”
B.- Te haces el distraído y giras la cabeza más rápido que el primer paso de Navarro. Luego haces un pequeño ‘teatrillo’ como que la has visto y no te da tiempo de reaccionar y haces amago de apretar el botón de abrir puertas. Piensas que eres mejor actor que Bardem, pero te ha quedado más una escena tipo Esteso. Luego, se te escapa (muy a tu pesar) una sonrisa ladina.
C.- Te quedas mirándola con los ojos muy abiertos y jaleándola: ‘¡Corra abuela, corra!’ mientras con la mano ‘tonta’ aprietas el botón de cerrar puertas. Y cuando se cierra en sus narices le dices a ‘sotto voce’: ‘Lássssstima Ussain’. Y luego a ‘alto voce’: ‘Si sólo son nueve pisos…’.
RESPUESTAS:
Máximo de A.- Eres un cachito de pan de molde recién horneado. Un tipo que se ha tragado a Espinete de Barrio Sésamo. De esos niños a los que les quitaban la merienda en el colegio y, si pillaban al ‘ladrón’ en pleno acto delictivo, le tocaban en el hombro y le preguntaban si para mañana quería lo mismo para merendar. Jugador altruista hasta su anulación. Nuestra recomendación super-feb es que seas más atrevido y que, de vez en cuando, sueltes un “Uotdefakariuseinmaderfaker!!!”. Con un poco de tu parte lo conseguirás. ¡Ánimo!
Máximo de B.- Eres un tipo ‘medianusco’. Un sí pero no. Que quieres, pero que te da igual. De los que comentan en la taberna del pueblo: “Yo con tu altura me comía al Gasol ese” y te apuras el orujo y te vas a trabajar a la ferre-tería con tu padre que heredaste de tu abuelo (con todos los respetos a los que trabajan en una ferretería. Y para la gente que trabaja para su padre... y para los abuelos que dejan ferreterías como herencia). Eres de ese tipo de jugadores que si juega bien, pues vale. Pero que se juega mal pues que se la ‘bufa’. Vamos, jugador ‘medianusco’ hasta su dispersión.
Máximo de C.- Eres el típico H.P. que, como todo el mundo sabe, se traduce como “Hispano Prúsico”. O también por “Hijo Proscrito”. Vamos que venderías a tu madre por... ¡Ah! ¿Qué ya la has vendido? Bueno, un jugador egoísta y malo, malo, malo… hasta su autoaniquilación. Que si el pase fuese asignatura obligatoria, tú dejarías la carrera. Maloooooo.
Bueno, esperamos que nuestros FEB-consejos te hayan servido y animado a seguir adelante… y que este test no te haga dejar el baloncesto…
Pero a una mirada perspicaz, sagaz e intuitiva no se le escapa que le falta algo. Y resulta que esa mirada… es de un amigo; y él me lo comentó a mí. ¿Y qué es lo que falta? Un cuestionario. Igual que grandes revistas que se han mantenido años y años en nuestros kioscos como Melva, Rapazza o Super Bob. Uno de los porqués de su éxito ha sido este tipo de argucias.
La FEB no puede quedarse rezagada y he aquí mi pequeña aportación a este pequeño gran paso:
CUESTIONARIO FEB:
¿Tú “coach” no te entiende? ¿Problemas en las relaciones con tus ‘compis’ de equipo? Descubre en este cuestionario qué tipo de jugador eres. Esto te ayudará a entenderte y hacerte entender. Suerte, sé sincer@, ‘coleg@’, y sé un autentic@ chic@ Super-FEB. (Recordad que no hay que perder clientes o client@s).
PREGUNTAS:
1) Tienes una ‘peli’ del videoclub que no te ‘moló’ y la dejaste a medias. ¿Qué haces? (Suponemos que estamos en los años 80 y existen cintas VHS… no digas ahora que es mucho imaginar cuando te estas imaginando como una quinceañer@ contestando un ‘mega cuestionario’ ¡jopeta!):
A.- Rebobinas la cinta, la vuelves a ver para asegurarte que no está rayada y la rebobinas de nuevo. Cuando vas a devolverla al videoclub, agradeces encarecidamente la recomendación.
B.- La rebobinas, pero no te ‘mola’ y dices en voz alta al llegar al videoclub:
- ¡Jo! No me moló.
C.- No la rebobinas. Vas al videoclub y se la tiras al dueño a la cabeza, gritándole que para sufrir viendo la tele te ves un programa de “Dragolandia”, además le espetas que está rayada y rota (la has roto tú en un arrebato de ira). Al salir le ‘mangas’ una bolsa de Cheetos…de jamón.
2) Estás en el ascensor y, justo cuando se está cerrando la puerta, ves que alguien entra en el portal y que te ve perfectamente en el ascensor. Es tu vecina ancianita (que no te cae muy bien) del piso de arriba. ¿Qué haces?
A.- Tocas el botón para abrir la puerta del ascensor y con la mejor de tus sonrisas le das los buenos días mientras te gruñe: “¡Qué juventud! ¡Qué poca vergüenza!”. Le llevas las bolsas de compra hasta la cocina mientras le escuchas a la espalda decir: “Qué pintas, si ya lo sabía yo, además de ‘drogadisto’, ‘gey’”
B.- Te haces el distraído y giras la cabeza más rápido que el primer paso de Navarro. Luego haces un pequeño ‘teatrillo’ como que la has visto y no te da tiempo de reaccionar y haces amago de apretar el botón de abrir puertas. Piensas que eres mejor actor que Bardem, pero te ha quedado más una escena tipo Esteso. Luego, se te escapa (muy a tu pesar) una sonrisa ladina.
C.- Te quedas mirándola con los ojos muy abiertos y jaleándola: ‘¡Corra abuela, corra!’ mientras con la mano ‘tonta’ aprietas el botón de cerrar puertas. Y cuando se cierra en sus narices le dices a ‘sotto voce’: ‘Lássssstima Ussain’. Y luego a ‘alto voce’: ‘Si sólo son nueve pisos…’.
RESPUESTAS:
Máximo de A.- Eres un cachito de pan de molde recién horneado. Un tipo que se ha tragado a Espinete de Barrio Sésamo. De esos niños a los que les quitaban la merienda en el colegio y, si pillaban al ‘ladrón’ en pleno acto delictivo, le tocaban en el hombro y le preguntaban si para mañana quería lo mismo para merendar. Jugador altruista hasta su anulación. Nuestra recomendación super-feb es que seas más atrevido y que, de vez en cuando, sueltes un “Uotdefakariuseinmaderfaker!!!”. Con un poco de tu parte lo conseguirás. ¡Ánimo!
Máximo de B.- Eres un tipo ‘medianusco’. Un sí pero no. Que quieres, pero que te da igual. De los que comentan en la taberna del pueblo: “Yo con tu altura me comía al Gasol ese” y te apuras el orujo y te vas a trabajar a la ferre-tería con tu padre que heredaste de tu abuelo (con todos los respetos a los que trabajan en una ferretería. Y para la gente que trabaja para su padre... y para los abuelos que dejan ferreterías como herencia). Eres de ese tipo de jugadores que si juega bien, pues vale. Pero que se juega mal pues que se la ‘bufa’. Vamos, jugador ‘medianusco’ hasta su dispersión.
Máximo de C.- Eres el típico H.P. que, como todo el mundo sabe, se traduce como “Hispano Prúsico”. O también por “Hijo Proscrito”. Vamos que venderías a tu madre por... ¡Ah! ¿Qué ya la has vendido? Bueno, un jugador egoísta y malo, malo, malo… hasta su autoaniquilación. Que si el pase fuese asignatura obligatoria, tú dejarías la carrera. Maloooooo.
Bueno, esperamos que nuestros FEB-consejos te hayan servido y animado a seguir adelante… y que este test no te haga dejar el baloncesto…
miércoles, 21 de octubre de 2009
A veces me acuerdo de él
Yo no conocí a Andrés Montes. Nunca hable con él. Nunca le dí la mano. Una vez le vi en un restaurante; yo jugaba en el Real Madrid, supongo que él sabría quién era yo (o no). Le recocí, pero no le saludé.
No comulgo con la idea de que la muerte da un halo de verdad, de beatitud, de virtud al que la “padece”. (A veces he oído criticar a algún muerto y la gente mirarlo como si lo hubiese matado él...)
Recuerdo cuando iba a tercero de B.U.P. Un día P. (el chico que se sentaba tres sitios delante de mi) no vino. Le encantaba el baloncesto. Idolatraba a Michael Jordan, tenía mucha ropa Nike que solía blandir como bandera. A veces me acuerdo de él sin razón ni motivo. El día anterior a su primera ausencia habíamos salido de fiesta. Él no salió. No tomaba alcohol ni fumaba. Dicen que murió mientras dormía. Que no se enteró de nada.
A veces me acuerdo de él.
Lo asocié de tal forma a Jordan que cada vez que Jordan hacía otra de sus hazañas me acordaba de él. Su intento en el béisbol, su retorno exitoso a la NBA, su sexto anillo... Ypensaba: “cómo hubieras disfrutado”. Y tenía una charla mental con él.
El deporte se asocia con salud, con energía, con vigor,y cuando recibes ciertas noticias te impactan sobremanera. Con el tiempo, una charla con Sergio Luyk o jugar a las cartas con Ángel Almeida toman un color diferente. Y se congelan en tu memoria de manera irracional.
A veces me acuerdo de él.
Me gusta mucho ver baloncesto, desde hace tiempo veo la TV con el volumen apagado. Hasta que llegó Andrés Montes. Y de golpe mi Tele se recuperó de su afonía. He vivido esta última etapa de la Selección con su voz de fondo. Asociada de por vida con la Selección, con el triunfo, con la diversión...
Yo no conocí a Andrés Montes. Nunca hable con él. Nunca le dí la mano. Una vez le vi en un restaurante; yo jugaba en el Real Madrid, supongo que él sabría quién era (o no). Le recocí, pero no le saludé.
No comulgo con la idea de que la muerte da un halo de verdad, de beatitud, de virtud al que la “padece”. (A veces he oído criticar a algún muerto y la gente mirarlo como si lo hubiese matado él...)
Recuerdo cuando iba a tercero de B.U.P. Un día P. (el chico que se sentaba tres sitios delante de mi) no vino. Le encantaba el baloncesto. Idolatraba a Michael Jordan, tenía mucha ropa Nike que solía blandir como bandera. A veces me acuerdo de él sin razón ni motivo. El día anterior a su primera ausencia habíamos salido de fiesta. Él no salió. No tomaba alcohol ni fumaba. Dicen que murió mientras dormía. Que no se enteró de nada.
A veces me acuerdo de él.
Lo asocié de tal forma a Jordan que cada vez que Jordan hacía otra de sus hazañas me acordaba de él. Su intento en el béisbol, su retorno exitoso a la NBA, su sexto anillo... Ypensaba: “cómo hubieras disfrutado”. Y tenía una charla mental con él.
El deporte se asocia con salud, con energía, con vigor,y cuando recibes ciertas noticias te impactan sobremanera. Con el tiempo, una charla con Sergio Luyk o jugar a las cartas con Ángel Almeida toman un color diferente. Y se congelan en tu memoria de manera irracional.
A veces me acuerdo de él.
Me gusta mucho ver baloncesto, desde hace tiempo veo la TV con el volumen apagado. Hasta que llegó Andrés Montes. Y de golpe mi Tele se recuperó de su afonía. He vivido esta última etapa de la Selección con su voz de fondo. Asociada de por vida con la Selección, con el triunfo, con la diversión...
Yo no conocí a Andrés Montes. Nunca hable con él. Nunca le dí la mano. Una vez le vi en un restaurante; yo jugaba en el Real Madrid, supongo que él sabría quién era (o no). Le recocí, pero no le saludé.
jueves, 24 de septiembre de 2009
El Equipo A
“En 1972, cuatro de los mejores hombres del ejército americano que formaban un comando, fueron encarcelados por un delito que no habían cometido. No tardaron en fugarse de la prisión en la que se encontraban recluidos. Hoy, buscados todavía por el gobierno, sobreviven como soldados de fortuna. Si tiene usted algún problema y se los encuentra, quizás pueda contratarlos... El Equipo A."
Tatarataaa. Tatataaaaaaa. Tarataaaa, tatataaaa. TA, TATA,TATAAAAAA.
En este caso no eran 4, ni americanos, pero si que parecían soldados. Gente disciplinada, que saben hacer su trabajo de forma efectiva.
Me ha venido a mi deteriorada memoria esta antigua serie viendo jugar a la Selección Española. Profesionales que son cuestionados y encarcelados por un delito que no habían cometido. Ellos siguen haciendo el bien al margen de los estamentos. No me pregunten porqué me viene esta comparanza.
En América Latina se les llamó “Los Magníficos”.
Los personajes tenían cada uno sus peculiaridades, pero cada uno era un gran especialista en una faceta determinada. Cada uno era el mejor en lo suyo. Entendía su papel y sabían desempeñarlo a la perfección. Encajaban los unos con los otros y se sacaban el mejor partido, pero siempre actuaban como un equipo.
Existe otro elemento que me arrastra a emparejar estas dos situaciones tan dispares. La acostumbrada previsibilidad a la que nos ha malacostumbrado la Selección. Ver un capitulo del Equipo “A” era verlos todos. El capítulo empezaba con una “injusticia” a alguna buena persona. El Equipo “A” aparecía de la nada. Las cosas en un principio se ponían peliagudas, chungas, “malrolleras”... En ese momento que la gente, frente a la pantalla, se ponía tensa empezaba la acción. Algún “mamporro” estilo Bud Spencer, alguna explosión controlada (siempre sin muertos, off course”) y acababan consiguiendo su objetivo.
La serie duró hasta que duraron los actores. Cinco temporadas de magia y predecibilidad. Quizás la diferencia de fondo radique en que poca gente se quejó de que la serie terminase. Pero muchos echaremos de menos a esta grandísima Selección. Disfrutemos de ella. Llegará un tiempo en el que contaremos a nuestros nietos que vimos a “La Selección de Oro” igual que se cuenta “yo vi a los Beatles”.
El jefe de la banda era el Coronel John "Hannibal" Smith. Aparecía habitualmente fumando un puro y acababa los felices capítulos con la misma frase. Pensándolo ahora de forma retrospectiva, eché de menos a José Luis Sáez saliendo frente a alguna cámara con un puro en la boca diciendo: “Me encanta que los planes salgan bien”
Tatarataaa. Tatataaaaaaa. Tarataaaa, tatataaaa. TA, TATA,TATAAAAAA.
En este caso no eran 4, ni americanos, pero si que parecían soldados. Gente disciplinada, que saben hacer su trabajo de forma efectiva.
Me ha venido a mi deteriorada memoria esta antigua serie viendo jugar a la Selección Española. Profesionales que son cuestionados y encarcelados por un delito que no habían cometido. Ellos siguen haciendo el bien al margen de los estamentos. No me pregunten porqué me viene esta comparanza.
En América Latina se les llamó “Los Magníficos”.
Los personajes tenían cada uno sus peculiaridades, pero cada uno era un gran especialista en una faceta determinada. Cada uno era el mejor en lo suyo. Entendía su papel y sabían desempeñarlo a la perfección. Encajaban los unos con los otros y se sacaban el mejor partido, pero siempre actuaban como un equipo.
Existe otro elemento que me arrastra a emparejar estas dos situaciones tan dispares. La acostumbrada previsibilidad a la que nos ha malacostumbrado la Selección. Ver un capitulo del Equipo “A” era verlos todos. El capítulo empezaba con una “injusticia” a alguna buena persona. El Equipo “A” aparecía de la nada. Las cosas en un principio se ponían peliagudas, chungas, “malrolleras”... En ese momento que la gente, frente a la pantalla, se ponía tensa empezaba la acción. Algún “mamporro” estilo Bud Spencer, alguna explosión controlada (siempre sin muertos, off course”) y acababan consiguiendo su objetivo.
La serie duró hasta que duraron los actores. Cinco temporadas de magia y predecibilidad. Quizás la diferencia de fondo radique en que poca gente se quejó de que la serie terminase. Pero muchos echaremos de menos a esta grandísima Selección. Disfrutemos de ella. Llegará un tiempo en el que contaremos a nuestros nietos que vimos a “La Selección de Oro” igual que se cuenta “yo vi a los Beatles”.
El jefe de la banda era el Coronel John "Hannibal" Smith. Aparecía habitualmente fumando un puro y acababa los felices capítulos con la misma frase. Pensándolo ahora de forma retrospectiva, eché de menos a José Luis Sáez saliendo frente a alguna cámara con un puro en la boca diciendo: “Me encanta que los planes salgan bien”
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